Hablemos del pasado. Hablemos de danza y sus viejas glorias. Hablemos de cambios en la Historia, cambios que persisten. Hablemos del movimiento entendido desde ángulos opuestos. Hablemos del espacio que nos rodea y de la relación que nos une a él. Hablemos de lo que tenemos dentro y la forma en que lo dejamos aflorar.
Karoline Sophie Marie Wiegmann (Hannover,1886 - Berlín, 1973), conocida como Mary Wigman, se dedicó a investigar las incógnitas del cuerpo y su movimiento en el espacio. Apartándose de reglas y normas que no hacen más que encorsetar, desarrolló un universo de pura improvisación así como de estudio introspectivo. Bailarina expresionista, Wigman estuvo muy ligada al movimiento artístico alemán de una época dura e incomprensible para una población que encontró en el arte, una salida, una vía de escape para decir lo que, con palabras, no se podía.
Ella conoció el suelo donde pisamos, lo hizo de una forma muy cercana. Le gustaba sentirlo y compartir sus movimientos con él. Agachada, de rodillas, sentada y gateando...así eran sus conversaciones con esa parte que sujetaba su peso. Otro de sus compañeros de baile era el espacio. Su conocimiento, penetrar en él, el antes y el después del contacto con él, la transformación del mismo. Se llegó a centrar tanto en esta idea que separó la música creando coreografías en silencio. Movimiento en sí mismo, sin más ornamentos.
Sin embargo, muchas otras veces se valía de máscaras para enfatizar la expresividad del rostro. En este sentido, me viene a la cabeza la danza japonesa Butoh, en la que se hace especial hincapié en la gestualidad de la cara. La bailarina alemana siguió de cerca los estudios del pedagogo francés François Delsarte sobre el gesto y el movimiento como herramienta teórica para ser puesta en práctica en sus trabajos.
Relajación-tensión y fuerzas contrarias en continuo debate residen también en el haber de una bailarina que fue más allá del lenguaje dancístico de aquel tiempo. La necesidad por descubrir nuevos aspectos la llevó a inventar formas de expresión escondidas hasta el momento. Esas formas se esconden en cada uno de nosotros, así que, Mary Wigman, gracias por recordárnoslo.
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